Venus en la pocilga

Algunos artistas se caracterizan por trabajar con el silencio: aquello que no se menciona ni se muestra, pero que tiene significado. Los objetos del pintor Giorgio Morandi tienen una relación íntima con el silencio. Los personajes de los cuadros de Edward Hopper crean el silencio que los rodea. En el cine, Sofía Coppola ha construido películas sostenidas por el ritmo de lo que no se dice. El uso que se hace del silencio varía de un artista a otro, aunque todos pertenezcan a una misma cofradía: la de quienes trabajan con el silencio.

Algunas veces el espectador entra en sintonía con ese silencio. En otras ocasiones siente la necesidad de llenarlo, porque ha sido provocado por el artista. Para que se entienda mejor, citaré un ejemplo. El escritor Raymond Carver inicia uno de sus cuentos así: «Un hombre sin manos llamó a mi puerta para venderme una fotografía de mi casa». Lo que no se dice es lo que el lector se pregunta: ¿quién es este hombre? ¿Por qué no tiene manos? ¿Si no tiene manos, cómo llamó a mi puerta? ¿Por qué le tomó una fotografía a mi casa? ¿Por qué quiere venderme una fotografía de mi propia casa? ¿Por qué a mí?

Existe, además, el lugar común que una imagen vale más que mil palabras. Pero ¿puede una sola imagen contar una historia desde su silencio? No. Al menos no de la manera tradicional en que se cuenta una historia: inicio, desarrollo y desenlace. En cambio, lo que sí puede hacer es insinuarnos la historia que hay detrás. Crearnos la sensación de que podemos asomarnos a un instante que acaba de suceder o a un instante que va a suceder a continuación, situándonos a nosotros, los espectadores, en medio de la tensión entre lo que fue y lo que será. Esa tensión nace cuando el artista logra colocar el silencio en un instante en el que creemos que no debe estar, y nuestra necesidad de una comunicación sin fisuras nos persuade a querer saber más. 

La imagen que quiero comentar es de la fotógrafa Nan Goldin y se titula Trixie on the cot, New York (1979). Igual que en el inicio del cuento de Carver, el espectador entra en el juego: ¿quién es esa mujer? ¿Es una mujer? ¿Por qué su cara está tan blanca? ¿Está borracha, drogada? ¿Está sola o hay alguien más con ella en la habitación? Hay una sensación material, casi táctil en la fotografía. Como si pudiéramos escuchar la música del tocadiscos detrás de ella. ¿Es The Velvet Underground lo que suena? ¿Pale Blue Eyes o Venus in Furs

Trixie on the cot

El olor a orines y mierda del baño —si es que hay un baño cerca— se mezcla con el humo de su cigarro, haciendo más encantador el lacito celeste amarrado a su pantorrilla. Tal vez está desquiciada. Pasa los días pidiendo dinero entre los autos y por eso tiene los zapatos gastados. Al final del día regresa a su cuarto, toma cerveza, fuma, y se queda ahí, lejos de los humanos. 

El truco está en la composición, en esos colores pasteles fuera de contexto. La lata de cerveza blanca sobre la mesa de vidrio. El vaso verde en el suelo, debajo de un pliegue caído de su vestido. El balde celeste detrás de la esquina derecha del catre. Blanco, verde, celeste.

Otras veces pienso que es la luz, encima y en diagonal a la cabeza de la mujer. Una luz infernal en el sentido de los desamparados, de la pequeña hoguera que protege del frío a cada uno de ellos y que esa noche la protege a ella. Es imposible que esa fotografía haya sido tomada de día.  

También puede ser algo más simple: sus piernas cruzadas, la cinta cayendo en su pelo desaliñado, el vestido con flores rojas remarcando la suciedad de la pared y del piso. Todas esas aristócratas de los siglos pasados que sirvieron de modelos para tantos retratos no podrían sostener un cigarro con la clase con que lo hace ella. A su lado, la Venus de Botticelli resulta aburrida. 

La historia más probable —lo sabemos— es que la mujer solo está reunida con unos amigos, pasando un buen rato. Amigos bohemios entre los que está Nan Goldin —la fotógrafa—, que la ha visto y le ha preguntado: «¿Trixie, puedo tomarte una foto?». Ella le ha respondido: «Sí, claro». Y esa es toda la historia.

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